Siempre que nos cruzábamos en el ascensor, mi vecino del cuarto me hacía reír con una sesión de chistes que parecía no tener fin. No eran solo los chistes, también su forma de contarlos y ese acento andaluz tan peculiar. El día que le vi montar en su coche entendí rápidamente su habilidad.
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| ¿De dónde si no? |
